El refugio paleolítico del Valle de Boi

El refugio paleolítico del Valle de Boi

La investigación de este yacimiento ha desvelado la continua presencia humana en la zona entre el Paleolítico Superior y el Neolítico Antiguo

El más extenso y uno de los más significativos yacimientos paleolíticos conocidos en todo el sur peninsular se sitúa precisamente en Vila do Bispo, en el área adyacente a un antiguo abrigo rocoso en Vale de Boi (Budens). Identificado en 1998, fue desde entonces objeto de regulares campañas arqueológicas, realizadas por equipos de arqueología de la Universidad del Algarve, coordinadas por el profesor Nuno Bicho.

En una zona de dispersión superior a 10.000 m2, la investigación del yacimiento de Vale de Boi fue desvelando una importantísima secuencia crono-estratigráfica, con registros que remiten a una prácticamente continua presencia humana, entre el Paleolítico Superior y el Neolítico Antiguo, más precisamente, entre los 33.000 (al menos) y los 6.000 años antes del presente: una antigüedad récord basada en la más remota datación radiocarbónica sobre vestigios humanos (Homo sapiens) de todo el sur peninsular, un contexto en el que se hizo posible distinguir los rasgos culturales de comunidades que en estas paradas protagonizaron la transición del Paleolítico al Neolítico, o sea, el Período Mesolítico.

Los datos recogidos hasta el momento permitieron reconocer las sucesivas ocupaciones de grupos de cazadores-recolectores, de más de una decena de individuos, con una estructura económica compleja que incluye contactos e intercambios interregionales, a largas distancias, patentes en la ocurrencia de materias primas, importadas de distancias superiores a los 1.000 km, lo que demuestra la amplitud de circulación de estas sociedades, injustamente tenidas como “primitivas”.

La elección de este lugar para la implantación de comunidades de cazadores-recolectores-mariscadores deberá relacionarse con el hecho de que a unos 100 metros haya allí una laguna ligada al mar (en la actual Boca do Rio), que funcionaría como área de pesca, con fácil acceso a la costa, y polo de atracción de animales diversos. A partir del abrigo bajo pala rocosa, formado en un expresivo afloramiento calcáreo, en un punto elevado que corona la vertiente izquierda del valle, sería posible dominar visualmente la caza que saciaba la sed en las aguas del valle.

Los vestigios arqueológicos se concentran bajo la pala del abrigo, parcialmente colapsada en la actualidad, extendiéndose por el declive, preservando preciosas informaciones acerca de los hábitos cotidianos de nuestros antepasados. Más abajo, en una ligera plataforma de la vertiente, las excavaciones revelaron un área de mayor concentración de vestigios y una larga diacronía que termina superior en los 6.000 años, es decir, en el equilibrio del Neolítico Antiguo y de las primeras sociedades de pastores-agricultores.

De entre la abundante y diversificada información exhumada en Vale de Boi, destaca la excepcional preservación orgánica de los ecofactos (huesos y conchas), una técnicamente impresionante colección de puntas de flecha, especialmente las del Período Solutrense (con 20.000 años), un interesante conjunto de artefactos de adorno y de matriz artística, especialmente producidos sobre hueso y conchas perforadas, utilizadas como cuentas de collar. Pero, hasta la fecha, el más excepcional elemento artístico sacado a la luz en las excavaciones fue un interesante objeto de arte móvil: una rara placa de xisto, con menos de 20 cm de ancho, grabada con un conjunto de dibujos interpretados como representaciones de tres auroques (una especie de gran buey salvaje, sin embargo extinta). Esta tarjeta se puede interpretar como un “objeto de bolsillo”, eventualmente un “souvenir” traído de otras paradas.

Una vez más, surgen claros indicadores de la importancia del marisqueo para las economías locales. Una parte sustancial de la dieta de las gentes de Vale de Boi se basó precisamente en el consumo de recursos marinos. Se recuperaron abundantes restos de conchas, de diversas especies: lapa, mejillón, vieira, berberecho, almejas, caracoles marinos y de agua dulce, búzios, chinches y cangrejos. La actividad pesquera fue detectada por la presencia de vértebras de cación. En lo que se refiere a la caza, se registraron restos óseos de conejo, liebre, zorro, cabra, jabalí, perdiz y águila real. Interesante será comprobar que, junto con estas especies salvajes, relativamente vulgares, se aislaron otras, ya no existentes en la región, como el venado, el lobo, el oso, el lince, el asno, el caballo y el auroque; pero también algunas, más improbables, como el delfín (o ballena) y el león! En cuanto a los huesos de águila real, deben remitirse a la utilización de plumas como elementos de adorno o guías de flechas. En cuanto al león, al lince, al zorro y al lobo, sus pieles serían ciertamente bien aprovechadas. Los cetáceos (delfines y ballenas) deberían dar a la costa, siendo “postumamente” aprovechados como excepcionales fuentes de materia prima ósea.

Para cerrar este ya harto menú, en forma de “postre”, no se reserva una “cereza en la parte superior de un pastel”, sino … dos batracas. Estos antepasados eran realmente “buenas horquillas” … hasta se deleitaban con sapos … las cosas que los arqueólogos descubren!

Los estudios paleoambientales en estos yacimientos permiten reconstituir los paisajes de épocas ancestrales, en particular su fauna y su flora, en un momento en que el ambiente empezaba a estabilizarse hacia un marco para nosotros más familiar. Los datos paleogeográficos recogidos en Vale de Boi, pero también en el conquino de la Piedra de las Gaviotas, en Sagres, y en el conquino del Castelejo, revelaron la presencia del zambujeiro, como cubierto arbóreo más frecuente en la Costa de Sagres durante el Mesolítico y el Neolítico Antiguo, pero también del alcornoque, del enebro, de la aroeira, del medronero y del hervidor – un cubierto vegetal muy semejante al actual.

La agenda de la investigación para el yacimiento de Vale de Boi incluye, para las próximas campañas de excavación, uno de los temas más “populares” del panorama arqueológico internacional de los últimos años – la verificación de una muy probable presencia del hombre de Neandertal en estas paradas. Se trata de una cuestión de gran interés y pertinencia, pues se sabe que el extremo suroeste de la Península Ibérica habrá constituido uno de los últimos reductos continentales para esta especie contemporánea de los primeros Homo sapiens, el Hombre Moderno … nosotros! La identificación y estudio de vestigios Neandertales podrá aclarar la problemática de su desaparición: ¿por asimilación genética por nuestra especie, o extinción por presión humana?

Texto y fotografía de Ricardo Soares (arqueólogo, CMVB)

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Categories: Cultura

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